El danzón de Angoa

El danzón de Angoa

 

POR ORLANDO CARRIÓ

Conocí a Ricardo Benedit Varela, el popular Angoa a principio de los 2000, cuando ya estaba próximo a los cien años. Luis Hernández, su biógrafo y representante, me lo presentó.

Era una persona extraordinaria llena de energía y buenas vibras. Nació en 1909, en el barrio de San Leopoldo, en Centro Habana, y cuando niño le dio una meningitis que le dañó de manera irreversible sus cuerdas vocales.

Curiosamente, este percance terminó dándole un nuevo nombre. Todas las tardes, el muchachito visitaba el Parque Maceo, en compañía de su vecina Dora y, antes de partir, anunciaba a los cuatro vientos: “Voy a salir con Goa…”, “voy a salir con… Go…”. Entonces, sus allegados empezaron a llamarlo Angoa.

De joven, este negro lustroso y grandote, con una ternura bien oculta tras su rostro inmutable, hizo trabajos de construcción, fue inspector de aduanas y hasta peleó como boxeador profesional contra Kid Chocolate.

Luego, ya en la madurez, siguió unido a este deporte como cronometrista y árbitro, ocupaciones que alternó con su nuevo oficio de cartero, al cual le entregó el sueño de no fallar nunca.

Angoa, violinista autodidacta, se vinculó con el danzón gracias a su madre, Rafaela Varela, vicepresidenta de Los Cocheros, una sociedad de gente de color dedicada a estimular los bailes de salón. No obstante, su bautizo definitivo no se produjo hasta los veinte años, cuando entró en la Unión Fraternal, en el barrio de Jesús María, donde se convirtió en rey de los bailadores.

Luis Hernández, autor del libro Angoa, el danzón no morirá, dado a conocer de manera digital hace unos pocos años, nos comenta: “Tiene una forma muy peculiar de bailar. Su posición es muy esbelta y respeta la forma original del danzón… Su movimiento característico es la caída del pie derecho cuando da la vuelta del tornillo. Es solo de él, no se lo he visto a nadie más”.

Seguidor habitual de Arcaño y sus Maravillas, un día, recibió una sorpresa. Arcaño, agradecido por su apego incondicional, le dijo en 1946 a su violinista Félix Reina: “Chico, por qué a ese danzón que tú tienes por ahí no le ponemos el nombre del señor que siempre está en los bailables… del cartero”.

El maestro Reina, fundador más tarde de Estrellas Cubanas, aceptó y así nació “Angoa”, el cual se grabó dos años después en los estudios de la radiodifusora CMQ y tuvo mucho éxito.

Más tarde, los danzones empezaron a ser cantados y surgieron varias adaptaciones de Angoa, respetuosas del estribillo “qué feliz se ve bailando… Angoa”, hasta llegar al danzón-cha del compositor Richard Egües, inmortalizado por la Aragón, en el que solo se escucha el nombre de Angoa.

Años más tarde, el danzón Angoa alcanzó su punto culminante cuando la orquesta mexicana Sonora Santanera, de Carlos Colorado, lo tomó como base para lanzar al mercado el tema La boa, con la firma del cantante y compositor Carlos Lico.

En la medianía de la anterior centuria, nuestro Danzonero Mayor fundó el Angoa Sport Club, el cual dirigió con el apoyo de sus hermanos. La institución organizaba numerosas fiestas en los jardines de La Tropical para promocionar el danzón con orquestas como Melodías del 40 y la de Arsenio Rodríguez.

Allí también se acogieron y educaron a los muchachos de color metidos en malos pasos, quienes vivieron allí transformaciones radicales.

Su labor como formador de las nuevas generaciones no lo alejó de las pistas de baile. Luis Hernández insiste: “Es célebre por su manera de vestir. Tiene un toque muy especial gracias al sombrero, el traje y el nudo de corbata que solo él sabía hacer… luce su ropa, y su compañera el abanico”.

Angoa, masón en el grado 33 (el más alto) y babalao del panteón yoruba, tuvo seis matrimonios y muchas parejas que lo adoraron, un hijo bailarín ya fallecido y dos hijas perdidas en el recuerdo.

Para honrar su memoria a nivel nacional se celebra el concurso de danzón “Ricardo Benedit Varela”, dentro del marco del Encuentro Internacional Danzonero “Miguel Failde in Memoriam”, que tiene como sede a la ciudad de Matanzas, cuna de nuestro baile nacional.

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